Después de dos partidos muy distintos en San Francisco, la serie llega a Buenos Aires con señales claras para los dos equipos.
Lanús abrió la final con un triunfo mínimo, 63-62, construido desde detalles, defensa y un cierre tan extraño como determinante. En ese primer juego, el Granate encontró respuestas fuertes con Merchant y Whitfield dentro de sus mejores formaciones. El quinteto con Whitfield, Reinaudi, Franchino, Noblega y Merchant fue su principal sostén ofensivo.
También había sido muy valiosa la formación con Whitfield, Franchino, Noblega, Merchant y Henry, que secó a San Isidro durante más de seis minutos. Pero el segundo juego cambió completamente la lectura.
San Isidro respondió con autoridad, ganó 90-72 y corrigió casi todos los puntos que le habían costado el primer partido. El Santo hizo pesar sus quintetos de mayor volumen, especialmente el de Buchaillot, Lambrisca, Saglietti, Ortiz y Hooper.
Esa formación, que en el juego inicial había quedado condicionada por pérdidas, en el segundo partido fue mucho más sólida y le dio control defensivo. Además, San Isidro encontró producción desde variantes que antes habían sido problemáticas.
El quinteto con Saglietti, Mare, Hooper, Boyé y Eydallín fue uno de los tramos más explosivos del segundo juego. La gran diferencia estuvo cerca del aro: San Isidro castigó con altísima eficacia de dos puntos y Lanús no pudo sostener su defensa interior.
Para el Granate, la preocupación principal pasa por recuperar el impacto de sus formaciones con Merchant. En el primer juego fueron decisivas; en el segundo, San Isidro logró neutralizarlas y convertirlas en un problema.
También necesita mejorar la circulación, porque en la derrota apenas produjo siete asistencias y dependió demasiado de acciones aisladas.
Para San Isidro, el desafío será trasladar al Rotili la misma claridad con la que dominó el segundo juego.
La serie quedó empatada, pero el clima cambió: Lanús vuelve a casa con la chance de recuperar el mando y San Isidro llega con la prueba de que puede imponer condiciones.
Dirigirán Pablo Estévez, Ezequiel Macías y Franco Anselmo Krivokapich.
El tercer punto no define la final, pero sí puede marcar quién empieza a jugarla desde una posición de autoridad.

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