• 03-06-2023
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“Regla Semenya”: una manera de incluir a las jugadoras trans

Tras las repercusiones y el debate que generó el mano a mano con Stefania Lucero, la primera jugadora trans en disputar nuestra Liga Nacional, se me ocurrió indagar aún más en el tema, y como siempre, buscar hacer mi aporte, ya que el reglamento de nuestra competencia directamente no habla de casos así.

Lo que se dio en la presente edición liguera fue una conjunción de suerte y código de ética impuestos por Ciclista Olímpico, ya que tal cual reveló en la entrevista Stefy, fueron ellos y no la Liga los que le pidieron todos los estudios que se hizo.

Hoy solo alcanza con que en el DNI diga “sexo femenino” para poder jugar sin ningún tipo de impedimento. Pensando en un verdadero absurdo, pero que sería totalmente válido por esta legislación que rige la competencia, cualquier club podría haber contratado a un jugador que se percibe hombre, ofrecerle dinero para que se cambie el sexo del DNI por unos meses, y automáticamente tener un MVP de Liga Femenina.

En esta búsqueda de poder hacer un aporte genuino al reglamento de la competencia, lo primero que encontré es que el Comité Olímpico Internacional, el COI, deja todo en manos de cada órgano que controla la disciplina, pero pone un par de pautas claras, como por ejemplo, que sí o sí la persona en cuestión debe al menos haber iniciado el tratamiento.

Las normas de la NCAA, la asociación más popular de Estados Unidos en cuanto a deporte universitario va por ahí. Tienen que haber iniciado su tratamiento de transformación para pedir el cambio de rama en el deporte específico. La WNBA lo mismo. Pide documentos que avalen que se está llevando adelante un tratamiento o que ya se culminó.

Lo cierto es que la norma marco, al menos en la NCAA, deja varios grises notorios. Quizás el caso más rutilante es el de la nadadora Lía Thomas, la cual compitió tres años en el equipo masculino de Pennsylvania, y en su último año (en NCAA podes competir solo 4 años) pasó a formar parte del cuadro femenino porque había iniciado su tratamiento.

¿Qué ocurrió? Rompió todas las marcas, se quedó con el título nacional y desató el enojo de sus rivales, las cuales consideraron sumamente injusto que esto pase. Para peor, en la única final que no ganó, empató en 200 libres con Railey Gaines y la organización entregó un único trofeo, el cual quedó en manos de Thomas.

En declaraciones dadas a la prensa, Gaines afirmó: “Además de vernos forzadas a renunciar a nuestros premios, títulos y oportunidades, la NCAA obliga a las nadadoras a compartir el vestuario con Thomas, un hombre de 22 años y 1.93 metros de altura con genitales masculinos completamente intactos. Que quede claro que nadie nos advirtió y no dimos nuestro consentimiento”.

Este relato crudo pone sobre la mesa un debate claro: No es lo mismo no iniciar el tratamiento, que iniciarlo a los 21 cuando el cuerpo ya está desarrollado, o hacerlo a los 15, a los 12 o a los 9. Esto a la corta o a la larga deberá ser tenido en cuenta por parte de la NCAA y realizar las modificaciones pertinentes.

De todas maneras me sirvió para seguir investigando y fue allí cuando di con un caso testigo que va camino a los 15 años, y en donde tomaron parte la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) y la Corte Federal Suprema de Suiza. La situación se dio con la figura del atletismo mundial Caster Semenya.

La sudafricana de 32 años es la reina de los 800 y 1500 metros, con medallas de oro en olimpiadas y mundiales, pero desde su irrupción en 2009 causó polémica, le llovieron críticas y la IAAF siguió sus pasos desde aquel momento.

Caster es una mujer intersexual. Hablando de forma vulgar, si se desnudara, veríamos a una mujer con todas las letras, pero los estudios indicaron que internamente no cuenta con genitales femeninos, sino masculinos y estos son funcionales. Tiene cromosomas XY.

Tras lo ocurrido en el Campeonato Mundial de Berlín 2009 la IAAF la paró por casi un año para que se hiciera estudios. La sometieron a un test de verificación sexual y el mismo arrojó que tenía una cantidad de testosterona tres veces superior a lo considerado normal en una mujer.

Toda esta situación generó un gran debate global, principalmente porque la reglamentación de la IAAF no tenía nada respecto a un caso así. En junio del 2010, el organismo aceptó las conclusiones de un grupo internacional de expertos médicos y la dejaron seguir compitiendo, pero no sería el punto final de la historia.

Tras casi ocho años de estudio, el 26 de abril de 2018 la IAAF dio a conocer nuevos criterios de elegibilidad para atletas con altos niveles de testosterona. Obvio, la regla caía dentro de los parámetros que poseía Semenya.

Para poder competir en carreras de 400 metros, 800, 1500 o combinadas, las atletas debían tener niveles de testosterona por debajo de los 5 nanomoles (una unidad de medida) por litro de sangre durante un periodo continuado de por lo menos medio año.

Automáticamente Caster recurrió al TAS para que intervenga, y el tribunal falló a favor de la IAAF. Semenya entonces elevó su reclamo a la Corte Federal Suprema de Suiza y esta también avaló a la IAAF, permitiendo que se implemente la nueva regla.

Mientras espera que la Corte Europea de Derechos Humanos se expida ya que considera un acto discriminatorio el límite de testosterona, Caster decidió seguir compitiendo, pero en los 200 metros, en donde la nueva reglamentación no la alcanza.

Tomando en consideración todos estos pasos ya dados por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, la cual cuenta con el aval del TAS y la Corte Suiza, sumado a la regla marco puesta por la NCAA, podría entonces agregarse para el próximo reglamento de Liga un anexo apuntando a las jugadoras trans.

En el mismo lo primero que debería dejarse en claro es que es necesario estudiar cada caso en particular. No es lo mismo que la persona inicie su transformación cuando es adulta, que lo haga en la adolescencia o durante su infancia.

Y tras dejar claro esto, habría que tomar dos cuestiones fundamentales para habilitarla a jugar la Liga Femenina:

1-Tal cual plantea la NCAA y la WNBA, la jugadora en cuestión debe haber iniciado su tratamiento. El solo hecho de percibirse mujer no es suficiente.

2-Tras más de ocho años de investigación por parte de la IAAF, la cual cuenta con el aval del TAS y la Corte Suiza, la atleta debe tener niveles de testosterona por debajo de los 5 nanomoles (una unidad de medida) por litro de sangre durante un periodo continuado de al menos medio año antes de iniciar la competencia.

Seguramente con el paso del tiempo, nuevos avances de la ciencia y más estudios al respecto, estas normas queden obsoletas y deban ajustarse, pero indudablemente son una herramienta sumamente valedera, si se toma en consideración que hoy nuestro reglamento ni siquiera habla del tema.

Como sucede en la gran mayoría de los órdenes de la vida, las leyes van detrás del avance de la humanidad, pero al menos con esto habría un ápice de encuadre ante una realidad que aunque muchos no quieran ver, ya es parte de nosotros.

Emanuel Niel
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