Quimsa – Peñarol, el sábado se termina un invicto

Quimsa – Peñarol, el sábado se termina un invicto

Quimsa y Peñarol pondrán en juego sus invictos este sábado en Santiago del Estero, en un duelo que promete mucho más que la punta de la Liga Nacional. Los dos defienden, tienen bancos profundos y saben ganar partidos de cualquier marcador. Pero mientras la Fusión construye sus ventajas con el triple y las recuperaciones, el Milrayitas encuentra sus mejores argumentos en los dobles y los rebotes. Una radiografía estadística de los dos únicos equipos que todavía no conocen la derrota.

El sábado 31 de octubre, desde las 11.30, el estadio Ciudad de Santiago del Estero será escenario de uno de esos partidos que aparecen temprano en el calendario, pero que tienen sabor a cita importante. Quimsa y Peñarol llegan con el casillero de derrotas en cero, ocupando los dos primeros lugares de la Liga Nacional 2026/27 y con una pregunta tan sencilla como atractiva: ¿cuál de los dos podrá imponer su manera de jugar?

La Fusión marcha primera con cinco victorias en igual cantidad de presentaciones. El equipo marplatense la sigue con cuatro triunfos en cuatro partidos. Los dos ganaron todo, pero lo hicieron por caminos bastante diferentes.

Quimsa derrotó a Platense (94-67), Atenas (83-77), Boca (105-96), Argentino (78-76) y Racing de Chivilcoy (68-54). Peñarol hizo lo propio ante Gimnasia (62-57), Lanús (84-77), San Lorenzo (92-85) y San Martín (95-76).

Los resultados ya dejan una primera enseñanza: ninguno necesita que el partido tenga un desarrollo determinado para ganar. Quimsa fue capaz de superar los cien puntos ante Boca y también de imponerse con apenas 68 frente a Racing. Peñarol ganó una batalla defensiva de 62 puntos ante Gimnasia y después llegó a 95 contra San Martín.

También compartieron la fortaleza en su propia cancha y la capacidad de salir a buscar resultados afuera. Quimsa tiene un registro de 3-0 como local y 2-0 como visitante. Peñarol está 2-0 en cada condición.

En los promedios generales, las diferencias tampoco parecen enormes. Quimsa anota 85,6 puntos y recibe 74,0, con un margen favorable de 11,6 por encuentro. Peñarol convierte 83,25, le anotan 73,75 y gana por una diferencia media de 9,5.

Hasta ahí, dos campañas parecidas. Pero cuando se abre la caja de las estadísticas aparecen dos identidades que hacen del enfrentamiento una propuesta especialmente interesante.

La misma resistencia, distintas maneras de defender

Los números defensivos casi podrían confundirse. Quimsa permite a sus adversarios un 41,3% de acierto de campo; Peñarol, un 42,2%. En lanzamientos de dos puntos, los rivales de la Fusión convierten el 48,0% y los del Milrayitas, el 49,6%. Desde los tres puntos existe un empate exacto: ambos permiten un 32,0%.

Hay, sin embargo, un dato que rompe esa semejanza.

Quimsa recupera 10,6 pelotas por partido, contra apenas 6,5 de Peñarol. Y esa diferencia se traslada directamente a las pérdidas que provocan: los rivales de la Fusión entregan 15,2 posesiones por encuentro, mientras que los del conjunto marplatense pierden 11,25.

Casi cuatro pérdidas adicionales provocadas por partido no son un detalle menor. Representan oportunidades para atacar y, muchas veces, la posibilidad de convertir sin tener que construir una ofensiva larga.

Los santiagueños, por su parte, cometen 12,2 pérdidas de promedio, contra 10,75 de los marplatenses. Eso deja un balance de tres pérdidas más provocadas que cometidas para Quimsa, mientras Peñarol tiene un saldo favorable de apenas 0,5.

La Fusión consigue así una fuente de posesiones que será particularmente importante frente a un equipo que domina los tableros.

Peñarol, en cambio, necesita menos robos para sostener una defensa de resultados prácticamente idénticos. Protege razonablemente bien la pelota y encuentra en el rebote otra forma de terminar los ataques rivales.

Naturalmente, los puntos recibidos no alcanzan por sí solos para determinar cuál es la mejor defensa. El ritmo de juego, la cantidad de posesiones y los adversarios enfrentados también tienen su influencia. Pero los registros permiten reconocer una diferencia interesante: Quimsa altera más la circulación rival; Peñarol procura controlar mejor lo que sucede después de los lanzamientos.

El triple de Quimsa contra los dobles de Peñarol

Si existe un apartado en el que los dos invictos parecen mirarse desde extremos opuestos es el de los porcentajes ofensivos.

Quimsa convirtió hasta ahora un promedio de 12,8 triples en 31,4 intentos por partido, con un formidable 40,8% de eficacia. Peñarol, en cambio, apenas logró 8,0 conversiones en 29,0 lanzamientos, para un modesto 27,6%.

La diferencia es enorme: con solamente 2,4 intentos adicionales, la Fusión convierte 4,8 triples más por encuentro. Traducido al marcador, son 14,4 puntos de ventaja desde los 6,75 metros.

De hecho, el lanzamiento exterior representa el 44,9% de toda la anotación santiagueña. En Peñarol esa participación cae al 28,8%.

Pero el equipo de Leandro Ramella tiene una respuesta contundente: los dobles.

Los marplatenses convierten 21,5 de los 37,0 tiros de dos que intentan, con una extraordinaria eficacia del 58,1%. Quimsa registra 14,4 conversiones sobre 27,6 lanzamientos, con un 52,2%.

Esto significa que Peñarol obtiene 43 puntos por partido mediante lanzamientos de dos, contra 28,8 de Quimsa. Una diferencia de 14,2 puntos que prácticamente equilibra la ventaja santiagueña desde el perímetro.

La comparación tiene algo de espejo: lo que uno consigue desde afuera, el otro lo obtiene desde adentro del arco. Aunque sería apresurado atribuir toda la eficacia de Peñarol al juego cerca del canasto sin conocer la distribución geográfica de sus lanzamientos.

En tiros libres también existe una pequeña diferencia: Quimsa tiene un 81,4% de efectividad y Peñarol, un 78,3%.

El porcentaje efectivo de campo, estadística que ajusta la eficacia de los lanzamientos considerando el valor adicional de los triples, favorece claramente a la Fusión: 56,9% contra 50,8%.

La conclusión puede sorprender: Peñarol ganó sus cuatro partidos a pesar de convertir menos de tres de cada diez triples. Quimsa, por su parte, transformó su puntería exterior en uno de los pilares de su invicto.

El sábado habrá una pregunta inevitable: ¿podrá Peñarol mantener su eficacia en los dobles sin verse castigado por los triples de Quimsa? ¿O conseguirá el Milrayitas limitar el lanzamiento exterior y llevar el partido hacia sus propias fortalezas?

El territorio que domina Peñarol: los rebotes

Si Quimsa encuentra en las recuperaciones una ventaja importante, Peñarol dispone de un argumento igual de poderoso debajo de los tableros.

El Milrayitas captura 38,25 rebotes por partido, contra 31,8 de su rival. Y mientras a Peñarol le toman 32,5, Quimsa permite 34,8.

Los balances describen dos realidades muy diferentes: el conjunto marplatense gana la lucha reboteadora por 5,75 pelotas por encuentro; el santiagueño la pierde por tres.

La distancia también aparece en el tablero ofensivo. Peñarol consigue 9,5 rebotes de ataque, frente a los 5,8 de Quimsa. Además, permite 7,75 rebotes ofensivos de sus rivales, cuando la Fusión concede 9,2.

Si se consideran las oportunidades de rebote ofensivo disponibles, Peñarol captura aproximadamente el 27,7%, mientras que Quimsa alcanza el 18,5%.

No se trata solamente de acumular rebotes. Cada pelota recuperada en ataque puede convertirse en una nueva oportunidad de lanzamiento, una falta recibida o una posesión que se prolonga.

Y aquí aparece probablemente el duelo táctico más interesante del sábado.

Peñarol puede conseguir más ataques a partir de sus rebotes ofensivos. Quimsa puede compensarlo provocando pérdidas y recuperando balones.

Dos formas de ganar posesiones adicionales sin necesidad de acelerar el juego.

Hasta ahora, la Fusión consiguió mantenerse invicta a pesar de su saldo negativo en los tableros, gracias a su eficacia ofensiva y a su capacidad para recuperar pelotas. El desafío será sostener esas virtudes frente a uno de los equipos que mejor está reboteando.

Dos equipos que no dependen exclusivamente de sus titulares

En una competencia larga, disponer de una segunda unidad confiable representa una ventaja considerable. Quimsa y Peñarol, al menos en este inicio, parecen haber encontrado profundidad de sobra.

Hay una coincidencia estadística llamativa: los titulares de ambos equipos aportan exactamente 46 puntos por partido.

Los iniciales de Quimsa sumaron 230 puntos en cinco encuentros, mientras que los de Peñarol acumularon 184 en cuatro. La diferencia ofensiva entre los equipos aparece, entonces, en sus suplentes.

El banco santiagueño anotó 198 puntos, a razón de 39,6 por partido, y representa el 46,3% de la producción total.

Los relevos marplatenses sumaron 149, con un promedio de 37,25 y una participación del 44,7% en la anotación.

En ambos casos, casi la mitad de los puntos llega desde el banco. Una proporción que refleja la importancia de las rotaciones y aleja la imagen de equipos sostenidos únicamente por sus cinco iniciales.

Incluso hubo partidos en los que los suplentes anotaron más que los titulares: ocurrió dos veces en las cinco presentaciones de Quimsa y también en dos de las cuatro de Peñarol.

El caso más contundente de la Fusión apareció en Junín. En la ajustada victoria por 78-76 frente a Argentino, 51 de los 78 puntos fueron aportados por el banco, incluidos 21 de Nicolás Copello. Más que una ayuda, aquella segunda unidad fue decisiva.

Peñarol encontró respuestas semejantes. Sus relevos anotaron 45 puntos frente a Lanús y llegaron a 50 contra San Martín, con una actuación destacada de Luciano Guerra, autor de 25.

La profundidad, además, convive con estructuras bastante estables.

Quimsa mantuvo como titulares a Johnson, Saiz, Solanas y Méndez en sus cinco partidos. El lugar restante fue ocupado alternativamente por Laterza, Conrradi y Copello.

En Peñarol, Giorgetti, Jaime, Basualdo y Pérez Tapia formaron parte de todos los quintetos iniciales. Vega arrancó tres encuentros y Chiaraviglio lo hizo en uno.

La identidad colectiva aparece claramente establecida, aunque los entrenadores disponen de variantes con capacidad real para modificar el desarrollo de los partidos.

Los quintetos también cuentan su historia

Las estadísticas de las formaciones permiten ir más allá de las actuaciones individuales y observar qué sucede cuando determinados jugadores comparten la cancha.

En Peñarol, el quinteto integrado por Jaime, Pérez Tapia, Vega, Giorgetti y Basualdo ya acumuló 54 minutos y 36 segundos de juego conjunto.

En ese tiempo anotó 116 puntos y recibió 102, para una diferencia favorable de 14. Es una formación reconocible, con bastante continuidad y un rendimiento positivo.

Quimsa presenta una distribución algo diferente. La formación integrada por Copello, Solanas, Méndez, Johnson y Saiz jugó 30 minutos y 11 segundos, con 47 puntos convertidos y 37 recibidos. Un balance favorable de diez.

Cuando Conrradi ocupa el lugar de Copello, con los otros cuatro jugadores permaneciendo juntos, la producción cambia: en 23 minutos y 52 segundos esa formación anotó 55 puntos y recibió 59, con un saldo negativo de cuatro.

Los números no implican que una variante sea definitivamente mejor que otra. Los rivales, los momentos del partido y la muestra todavía reducida condicionan cualquier conclusión. Pero permiten advertir que la composición de los quintetos puede modificar sensiblemente el resultado de determinados tramos.

Peñarol llega con una formación principal más consolidada en minutos. Quimsa distribuye parte de su tiempo entre alternativas que ofrecen comportamientos diferentes.

Los protagonistas y el momento en que aparecen

También resulta interesante observar cómo se reparte la anotación entre los jugadores de uno y otro equipo.

Quimsa presenta una distribución más equilibrada. Sus dos principales anotadores son Matías Solanas, con 13,6 puntos por partido, y Nicolás Copello, con 12,2. Entre ambos producen el 30,1% de los puntos del equipo.

En Peñarol, Agustín Pérez Tapia encabeza la ofensiva con 17,0 puntos de promedio, seguido por Luciano Guerra con 15,25. Juntos concentran el 38,7% de la anotación marplatense.

Es decir, el Milrayitas presenta una mayor participación de sus dos goleadores principales, aunque el considerable aporte de su banco demuestra que dispone de otras respuestas.

Pero hay un dato todavía más atractivo: no todos los anotadores hacen sentir su presencia en los mismos momentos del partido.

Las nuevas estadísticas de momentos de conversión de Pick and Roll permiten detectar algunas tendencias muy interesantes.

Pérez Tapia lleva 68 puntos en cuatro encuentros. De ellos, 32 fueron convertidos durante los primeros cinco minutos del primer y del tercer cuarto. Casi la mitad de su producción aparece en los comienzos de cada tiempo.

Guerra ofrece un contraste notable. No convirtió puntos en esas dos franjas de los encuentros analizados, pero acumuló 16 entre los minutos 30 y 35, es decir, durante los primeros cinco minutos del último período.

Uno muestra una marcada presencia anotadora en los arranques; el otro aparece con fuerza en segmentos diferentes de la rotación.

Quimsa también tiene sus particularidades.

Hueso Martínez anotó 54 puntos en el campeonato y concentró 24 entre los minutos 25 y 30, durante la segunda mitad del tercer cuarto.

Solanas, por su parte, produjo 43 de sus 68 puntos entre los últimos cinco minutos del segundo período y los últimos cinco del cuarto. Una distribución que lo muestra especialmente activo en los tramos finales de cada mitad.

Estos datos no significan necesariamente que unos jugadores sean más decisivos que otros. Para determinarlo habría que cruzar la anotación con los minutos efectivamente disputados y la situación del marcador en cada acción.

Pero sí ofrecen una primera fotografía de las diferentes ventanas de producción de los protagonistas y de cómo los entrenadores distribuyen sus recursos durante los cuarenta minutos.

El sábado, las fortalezas quedarán frente a frente

El enfrentamiento plantea varios pequeños partidos dentro del partido.

El primero estará en el perímetro. Quimsa intentará sostener ese 40,8% en triples que le permitió construir una de las ofensivas más eficaces del arranque. Peñarol buscará que sus rivales no encuentren lanzamientos cómodos y que el encuentro no se convierta en una sucesión de conversiones exteriores.

El segundo estará en los tableros. El Milrayitas tendrá una oportunidad importante si consigue reproducir su superioridad reboteadora, especialmente en ataque, donde puede encontrar segundas opciones para compensar su menor eficacia de tres puntos.

El tercero pasará por el cuidado de la pelota. Quimsa necesita que sus recuperaciones sigan generando oportunidades adicionales. Peñarol, que hasta ahora perdió menos balones, deberá evitar alimentar una de las mayores virtudes de la Fusión.

Y habrá una cuarta batalla, menos evidente pero igualmente importante: la de los relevos. Dos bancos que producen cerca del 45% de la anotación de sus equipos prometen transformar cada rotación en un capítulo decisivo del encuentro.

Por supuesto, nueve partidos entre ambos representan todavía una muestra pequeña. Los porcentajes pueden cambiar, las tendencias pueden corregirse y una gran actuación individual puede alterar cualquier planificación.

Pero los números disponibles ya permiten anticipar un choque entre dos equipos con características bien definidas.

Quimsa convierte y recupera. Peñarol rebotea y castiga de dos. Ambos defienden, ambos tienen profundidad y ambos demostraron que saben ganar incluso cuando el marcador los obliga a salir de su zona de comodidad.

El sábado, en Santiago del Estero, esas dos maneras de entender el juego se encontrarán cara a cara. Y cuando termine el partido, salvo una circunstancia extraordinaria, la Liga Nacional tendrá un solo invicto.


Pablo Tosal
Pick and Roll

Fuente estadística: PNR Stats — Pick and Roll, Liga Nacional 2026/27. Datos correspondientes a los primeros cinco partidos de Quimsa y los primeros cuatro de Peñarol.
Todas las estadísticas se pueden consultar acá: LNB Colectivas
El porcentaje efectivo de campo (eFG%) ajusta el porcentaje de lanzamientos teniendo en cuenta que los triples valen un punto más que los dobles.

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