El caso Rutenberg desnuda problemas del básquet argentino
Para conceptualizar un caso que se ha transformado en increíblemente público conviene un realizar un mapa mental, de las tres patas:
San Lorenzo tiene razones, pero administró tarde y comunica mal. Quimsa aprovecha legítimamente una posición negociadora favorable. Rutenberg tiene derecho a elegir, pero su representación lo dejó indefenso comunicacionalmente.
En las últimas horas una parte de la prensa reprodujo una versión que equivocadamente llamó “parte oficial” sin que sea un comunicado del club, sin que medie una firma, sin exigir un documento del club que lleve el logo y mostrarlo, sin saber a qué dirigente hace referencia, ni contando quien lo envía. En dicho documento se hablaba de una postura que tomó “la dirigencia de San Lorenzo”.
Este es un error fundacional de comunicación a la hora de explicar un problema entre un jugador/club porque la buena intención de comunicar algo importante no se puede distinguir de una operación de prensa. Tampoco en el comunicado y la nota se hace mención al reglamento ni la palabra de las demás partes.
Es habitual que la AdC suela no explicar públicamente una normativa creada por ella y utilizada para favorecer los derechos de un club. La prensa la averigua y la publica como puede. Y es muy habitual que sean los dirigentes de clubes quienes consultan a la prensa (o a agentes de jugadores) como son determinadas normativas.
El cuento de Rutenberg es el siguiente: jugó como profesional en San Lorenzo 6 temporadas: 19/20, 20/21, 21/22, 22/23, 24/25 y 25/26 y venía de proceso formativo anterior en el club. En el medio se fue a España un año. En agosto de 2023 firmó con el club español Valencia Basket, que lo cedió al CB L’Horta Godella de la Liga LEB Plata y jugó allí la 23/24.
El problema surge porque el derecho de formación debe proteger a los clubes que forman jugadores, pero no puede reemplazar la previsión contractual ni convertir al jugador en culpable por elegir otro destino.
San Lorenzo debió proteger su inversión antes; exactamente cuando veía que Rutenberg no tenía contrato de continuidad y estaba próximo a cumplir 26. No porque los otros clubes sean malos o el jugador sea malo sino porque los derechos VENCEN.
En esto conviene separar los derechos de formación (que se aplican a CAB) con los derechos deportivos (que se aplican a AdC) lo que vence son los de AdC.
Lo explico brevemente. El derecho de formación deportiva administrado por CAB es el período formativo reconocido que comprende desde el año calendario en que el jugador cumple 9 años hasta el año en que cumple 18, ambos incluidos. CAB es la autoridad que administra el registro y los reclamos dentro del básquet argentino. Este derecho no nace porque el club tenga contratado profesionalmente al jugador, sino porque lo tuvo federativamente inscripto durante su etapa formativa. Y hay otros aditivos con respecto a esto, pero no vienen al caso.
Vale también decir que el derecho de formación de CAB no desaparece cuando el jugador cumple 26 años. El período de formación termina a los 18, pero la compensación puede hacerse exigible posteriormente cuando ocurre alguno de los hechos previstos por la ley: primer contrato, transferencia o nuevo contrato. Para poder cobrarlos, hay que demostrar una montaña de papeles y tickets que se hayan pagado al jugador para poder exigir una compensación. Es complejo pero se puede hacer.
En cambio la protección económica establecida por la AdC es el siguiente:
En el Reglamento General público de la AdC, en el artículo 68.1 establece que los clubes pueden recibir ofertas por jugadores:
- menores de 26 años;
- con dos o más años de antigüedad en el club;
- y tienen derecho a igualar la oferta recibida.
Cuando el club de origen no iguala la oferta, obtiene una indemnización que debe pagar el club interesado antes de formalizar el pase. El cálculo se realiza sobre la oferta anual y los años de permanencia del jugador, con un máximo del 150 %. En este caso son 6 + el año que tuvo en Europa (porque desconozco la situación de salida del jugador al exterior). La escala es 0% contrato de un año, 50% dos años, 70% tres años y desde allí 10% por año hasta 150.
Esta protección de la AdC que se estableció entre clubes es una herramienta de defensa para jugadores jóvenes donde se invierte en la formación profesional de los chicos. Pero lo dicho: tiene vencimiento. En este caso la fecha es el 6 de enero del año que viene cuando Rutenberg cumpla los 26 años.
En este caso, no tiene contrato de continuidad y quiere jugar en otro club. En la Argentina los jugadores elijen donde jugar y no son transferibles como mercancía como puede ocurrir en otros mercados de básquet profesional. No está ni bien ni mal, son reglas.
La falta de protección de la ficha es el verdadero problema, haberlo negociado antes o darle un contrato más largo. Esto no oculta que la actual dirigencia de San Lorenzo está levantando varias deudas del pasado, tratando de reparar el daño que lo habían inhabilitado en FIBA para hacer transferencias. Desde hace unos años que esta dirigencia no solo mantiene el plantel que juega sino que va pagado deudas por más de 350 mil dólares.
El otro problema surge de las versiones periodísticas que indican que una vez cumplido con todos los pagos de haberes atrasados Rutenberg se negó a firmar el libre deuda. Esto es una falacia enorme por parte de la comunicación. Porque en verdad San Lorenzo no necesita la firma del jugador para poder conseguir el “Certificado de Cancelación de Contrato” conocido como “Libre deuda”.
Lo que puede hacer el club es presentar los recibos de pago contra el contrato registrado en AdC y demostrar que tiene todo pago.
Vale decir: si el club paga en efectivo mes a mes, cada vez que paga el jugador firma por lo que recibe. Si se le hace un depósito de banco a banco (o billetera virtual) es más fácil todavía que porque queda registrado online. Se juntan todos los recibos y se presenta esto ante la oficina de mercado de la AdC y listo: tiene el libre deuda. Se usa la firma en el certificado de los jugadores como una muestra de oficialización y para llevar un solo papel y no diez. Pero que Rutenberg quiera o no firmarlo (en el caso que no quiera) no le afecta en nada a San Lorenzo.
Ahora bien, es muy oportuno explicar que la Asociación de Clubes de Básquetbol está bajo fiscalización de la Inspección General de Justicia y supervisada por la Administración Federal de Ingresos Públicos. En buen romance significa que el contrato que se presenta en la AdC es lo que el jugador debe responder luego a AFIP en su declaración de ingresos.
Por este motivo algunos jugadores tienen arreglos con los clubes que tienen una parte que están por fuera del contrato oficial. En los últimos 10 años se usa cada vez menos, pero eso no es parte del libre deuda, ni de la AdC sino un problema entre jugador-club. Desconozco si esto es lo que ocurre con Rutenberg, solo explico la regla.
En este caso, San Lorenzo hace saber a la prensa a través algún dirigente interesado una comunicación no oficial del club donde pone en la espalda del jugador una situación que le es ajena. Si pagó lo que se debe y el jugador no firma al club no le hace nada.
Por otra parte, siempre hay que recordar que en el Contrato Único de Jugadores una de las reglas dice que si hay una deuda de 20 días hábiles (un mes) el jugador puede declararse libre. Algo que Rutenberg no quiso usar a su favor y siguió compitiendo.
En tales circunstancias Quimsa aprovecha el margen de tiempo que le ofrece el reglamento; y le hace una oferta a San Lorenzo en relación a una negociación compensatoria.
Si no quiere pagar debe esperar hasta el 7 de enero, presenta los papeles: el certificado médico, los aranceles de transferencia de CAB, el contrato firmado y Rutenberg juega sin problemas en Quimsa sin que la Fusión le haya pagado un centavo a San Lorenzo.
He conocido situaciones muy similares desde que la regla existe con jugadores que están por cumplir 26 años y ningún club paga. Lo de Quimsa debe ser una de las pocas excepciones que están dispuestos a pagar por algo que igual podrían llevarse gratis.
Finalmente en mi visión de las cosas creo que Rutenberg necesita explicar su posición; y la prensa debe dejar de llamar comunicado oficial a cada texto que recibe desde un teléfono dirigencial. El conflicto no nació porque un jugador quiso irse. Nació porque todos llegaron a la negociación sin haber construido previamente las condiciones para resolverla.
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