Peñarol hizo pesar la diferencia de rodaje y categoría
l esperado regreso del clásico bajo carriles normales fue la noticia en sí misma. El Polideportivo Islas Malvinas volvió a lucir como en las buenas épocas de la Liga Nacional de Básquetbol (más de 4.500 espectadores) y es algo para disfrutar.
Más allá de algunos detalles extradeportivos simpáticos, como el afectuoso saludo bien estadounidense entre Bryce Beamer y Al Thornton antes de empezar, o la coincidencia en cancha -con camisetas opuestas- de los hermanos Gonzalo y Santiago Aman, hubo un indiscutido ganador.
Peñarol se impuso a Quilmes, por 95 a 64, y se adjudicó la Copa Ciudad de Mar del Plata – Todo lo que sí, que en realidad nunca se entregó (¿?).

A lo largo de casi todo el primer tiempo quedaron expuestas un par de cuestiones que iban a estar estrechamente ligadas al desarrollo y al resultado. Al margen de la diferencia entre dos planteles que van a jugar en categorías distintas, también resultó evidente el mayor tiempo de trabajo en favor del “milrayitas”.
En esos primeros 20 minutos, casi nunca hubo equilibrio de fuerzas. Peñarol estuvo muy activo en defensa, atento para cortar línea de pase y correr el contraataque. Y en tanto y en cuanto ajustó la mira, fue contundente con su tiro abierto.
La brecha se abrió muy rápido (20-5 a los 6 minutos). Peñarol tenía otro ritmo, otra precisión, otra fluidez para jugar. Quilmes apenas esbozó algún atisbo de meterse en partido con un positivo ingreso de Manuel Alonso y cuando el brasileño Rafael Alberton Rodrigues (y sus 2,14 metros) recibió de espaldas al aro -fueron pocas veces-.

Así, el “tricolor”, al menos, logró mantener la desventaja por un cierto lapso. Hasta que Peñarol encontró su mejor imagen de todo el partido. Muy firme atrás y con rapidez de manos para pasarse el balón y encontrar el tirador mejor ubicado. La endemoniada puntería del “milrayitas” hizo el resto. Los de Leandro Ramella fueron un máquina y se llevaron casi 30 puntos de renta al descanso largo.
Con cierta lógica, la fisonomía del juego cambió en parte para el segundo tiempo. Quilmes se mostró mucho menos permisivo defensivamente (ese mayor rigor dejó huellas en Sebastián Vega y Agustín Pérez Tapia, por caso). Por un lado, Peñarol no tuvo tantas libertades y, por el otro, por una mera cuestión numérica, sus porcentajes estratosféricos comenzaron a disminuir.
El “tricolor” encontró un poco de paz gracias a esa superación atrás y a un buen pasaje ofensivo de Bryce Beamer.
Pero aunque le bajó drásticamente el goleo y sus acciones en ataque cotizaron en alza, lejos estuvo de inquietar a su rival. El tiro exterior nunca lo acompañó y, por contrapartida, Peñarol dispuso de unos cuantos ejecutores confiables para imponerse con holgura, incluso sin poder contar con Selem Safar, aquejado por una molestia física.
Ahora llegará el turno de la gira por Brasil para ultimar detalles de cara al estreno en la Liga. Mientras, al margen del traspié en el clásico, Quilmes tendrá tiempo de seguir trabajando de cara a una temporada que afronta con enorme ilusión.

Síntesis
Peñarol 95
A. Jaime 13, A. Pérez Tapia 8, S. Vega 18, F. Giorgetti 14 e I. Basualdo 6 (FI). A. Thornton 7, N. Chiaraviglio 11, L. Guerra 10, I. Bednarek , G. Aman 3, M. Chapero 0, P. Stuardo 0. DT: Leandro Ramella.
Quilmes 64
A. Alonso 3, F. Elías 9, B. Beamer 12, P. Alderete 6 y V. Duvanced 5 (FI). M. Alonso 13, R.A. Rodrigues 8, M. Dominé 0, L. Luna 2, S. Aman 6, T. Labrador 0. DT: Sebastián Saborido.
Estadio: Polideportivo Islas Malvinas.
Árbitros: Oscar Britez, Guillermo Di Lernia y Nahuel Casalot.
Parciales: 29-16, 58-29 y 74-46
Crónica: Marcelo Solari – Diario La Capital
Fotos: Diego Romero – Diario La Capital
